“Los límites que separan la Vida de la Muerte son, en el mejor de los casos, sombríos y vagos. ¿Quién puede decir dónde termina una y dónde comienza la otra?”
Edgar Allan Poe, The Premature Burial
De la astronomía a la
metafísica: el antiguo diálogo entre la vida y la muerte versión 3.0
Los días son más cortos. La noche
asoma temprano y el aire frio avizora la llegada de frentes fríos al valle de México.
En este contexto escribo a principios de noviembre de 2026.
En el hemisferio norte la luz se
aleja, se retira. No ocurre porque el universo quiera decirnos algo. No existe,
hasta donde sabemos, ningún mensaje oculto en el cielo anunciando la llegada de
la muerte. Existe simplemente un planeta inclinado aproximadamente 23,5 grados
sobre su eje que continúa, indiferente, su viaje alrededor del Sol. Esa
inclinación determina la sucesión de las estaciones y explica que, después del
equinoccio de septiembre, los días se acorten en el hemisferio norte hasta
alcanzar el solsticio de diciembre. NASA muestra precisamente que en los
equinoccios ambos hemisferios reciben cantidades de luz casi iguales, mientras
los solsticios constituyen los extremos de ese ciclo estacional. [science.nasa.gov],
[science.nasa.gov]
La astronomía explica el
fenómeno.
Pero nosotros, la raza humana,
hicimos algo extraordinario con él. Lo convertimos en significado. Y
quizá ahí comenzó todo.
1. El cielo: nuestro primer
calendario
Mucho antes del reloj mecánico,
del calendario impreso o de las aplicaciones que hoy administran cada minuto de
nuestra existencia, hubo un calendario imposible de apagar: el cielo.
Nuestros antepasados observaron
la salida y puesta del Sol, las fases de la Luna y la repetición de las
estaciones. De ello dependían actividades esenciales, entre ellas la
agricultura.
El otoño poseía entonces una
evidencia que hoy, habitantes de ciudades permanentemente iluminadas, podemos
olvidar fácilmente.
La luz disminuía. Llegaba el
frío. Terminaba la cosecha. La naturaleza entraba en otro estado.
La explicación contemporánea es
precisa. Debido a la inclinación terrestre, durante el equinoccio el
terminador, la frontera entre el lado iluminado y el oscuro de nuestro planeta,
atraviesa aproximadamente ambos polos. Día y noche alcanzan entonces una duración
cercana a la igualdad. Después, conforme la Tierra continúa su órbita, las
noches se alargan en el hemisferio norte hasta el solsticio de invierno. [science.nasa.gov],
[science.nasa.gov]
Nada metafísico sucede allí. Y,
sin embargo, para nosotros era casi inevitable la metáfora. Porque mientras la
naturaleza comenzaba uno de sus ciclos de aparente muerte, el ser humano
descubrió delante de sí una imagen de su propia existencia.
Nacer. Crecer. Madurar. Envejecer.
Morir. Y volver a comenzar, aunque no necesariamente siendo los mismos. […]
En ese sentido, resulta difícil
no recordar a Heráclito y su concepción de una realidad gobernada por el
devenir. Todo cambia. Todo transcurre. Nada permanece exactamente igual.
Quizá antes de que
inventáramos la filosofía, ya habíamos contemplado su problema fundamental en
el cielo.
2. Samhain: cuando comienza la
oscuridad
En mi historia personal, me traslado
a Irlanda. Desde costumbres paganas encuentro en el mundo céltico uno de los
ejemplos más sugerentes de esta relación entre ciclo natural y representación
cultural.
Samhain señalaba el final
del verano y el comienzo del invierno. Las fuentes históricas aconsejan, sin
embargo, prudencia: Encyclopaedia Britannica recuerda que sabemos relativamente
poco con absoluta certeza acerca de sus celebraciones antiguas, porque las fuentes
son escasas y buena parte de las descripciones detalladas son considerablemente
posteriores. [britannica.com]
Eso es importante porque la
historia popular ha terminado envolviendo Samhain en numerosas afirmaciones
difíciles de demostrar. Lo que sí conocemos es suficientemente poderoso.
Era un momento de transición
estacional asociado con la entrada en el invierno, y existía la creencia de que
durante Samhain los espíritus podían aproximarse al mundo de los vivos. [britannica.com],
[britannica.com]
La frontera estacional adquiría
así otra dimensión:
la frontera entre mundos.
Mucho después, la cristianización
modificó profundamente estas prácticas. La víspera del Día de Todos los Santos,
All Hallows' Eve, acabaría proporcionando el nombre de Halloween.
[britannica.com]
Y todavía habría otra
transformación.
Halloween cruzaría el Atlántico y
se convertiría, especialmente en Norteamérica, en una celebración ampliamente
secular caracterizada hoy por disfraces, calabazas, fiestas y el trick or
treat. [britannica.com]
El ritual había cambiado. Pero la
muerte seguía allí. Aunque convertida muchas veces en juego.
3. México: cuando los muertos
vuelven a casa
Y resulta que aquí en la tierra
que nací lejos de mis bisabuelos, a miles de kilómetros del antiguo universo
céltico, otras civilizaciones formularon sus propias respuestas ante la muerte.
Y es aquí donde debemos evitar
una comparación demasiado fácil. El Día de Muertos no es el equivalente
mexicano de Samhain ni una variante prehispánica de Halloween. Posee su
propia genealogía cultural.
UNESCO explica que las fiestas
indígenas dedicadas a los muertos en México manifiestan una fusión entre ritos
religiosos prehispánicos y festividades católicas introducidas por los europeos
en el siglo XVI. [ich.unesco.org]
Pero aparece nuevamente una
coincidencia extraordinariamente significativa. El periodo comprendido entre
finales de octubre y comienzos de noviembre coincide también con la
culminación del ciclo anual tradicional del cultivo del maíz. [ich.unesco.org],
[ich.unesco.org]
Otra vez el ciclo. Otra vez la
cosecha. Otra vez la naturaleza recordando que todo aquello que germina termina
por transformarse. Pero la respuesta mexicana posee una cualidad
particularmente hermosa. Aquí los muertos regresan.
Según explica UNESCO, la
festividad conmemora el retorno transitorio al mundo de los vivos de familiares
y seres queridos fallecidos. En estas tierras aztecas las familias preparamos
alimentos, pétalos de cempasuchitl, velas y ofrendas para recibir a nuestros
difuntos. [unesco.org],
[ich.unesco.org]
La muerte deja entonces de ser
únicamente separación. Se convierte también en visita. Por unas horas, la casa o
el camposanto amplía sus fronteras. En la mesa caben quienes están y quienes
estuvieron. Y la memoria adquiere una corporeidad extraordinaria: tiene aroma
de cempasúchil, sabor de alimentos conocidos, luz de velas y el rostro detenido
de una fotografía familiar. No se trata de negar la muerte. Se trata, quizá, de
domesticar su ausencia. Recordar es nunca morir, no desaparecer, es
permanencia.
4. Halloween y Día de Muertos:
la imbricación mexicana
Y entonces llegamos al México
contemporáneo. Caminando por mi ciudad donde durante los últimos días de
octubre conviven una calabaza norteamericana, una catrina, disfraces, papel
picado, esqueletos, películas de terror, altares familiares y flores de
cempasúchil. Desde una mirada purista podría interpretarse como contradicción. Desde
otra perspectiva puede comprenderse como imbricación cultural.
Halloween posee raíces europeas,
componentes cristianos y una fuerte transformación secular moderna. [britannica.com],
[britannica.com]
El Día de Muertos mexicano
constituye a su vez una tradición sincrética en la que convergen universos
indígenas y cristianos. [unesco.org],
[ich.unesco.org]
Y ahora ambos imaginarios vuelven
a encontrarse. Lo interesante no es decidir cuál debería derrotar al otro. Lo
interesante es observar lo que sucede cuando las culturas se rozan.
México lleva siglos haciendo
precisamente eso: superponer símbolos, resignificarlos y construir con ellos
nuevas identidades.
Así, durante unos días, la muerte
aparece simultáneamente como memoria, espiritualidad, tradición, espectáculo,
mercancía, juego y afirmación de identidad. Una paradoja profundamente
contemporánea. Hiper posmodernidad describe Lipovesky.
Nunca habíamos tenido tantas
imágenes de la muerte y, quizá, nunca habíamos vivido tan empeñados en no
pensar seriamente en ella.
5. De la fiesta a la
metafísica
Aquí conviene abandonar por un
momento las calabazas, las catrinas y las ofrendas. Porque detrás de ellas
aparece una pregunta mucho más antigua.
¿Qué hace el ser humano cuando
descubre que va a morir?
La filosofía ha intentado
responderla durante más de dos milenios. Epicuro propuso una salida
radicalmente racional: la muerte no debería atormentarnos porque mientras
nosotros existimos ella no está presente y, cuando ella llega, nosotros ya no
estamos. Siglos después, la filosofía contemporánea plantearía casi la
operación inversa.
Para Martin Heidegger, la muerte
no es solamente un acontecimiento situado al final de la biografía. La
comprensión de nuestra propia finitud afecta la manera en que comprendemos
nuestra existencia. En Ser y tiempo, existencia, temporalidad y
mortalidad aparecen profundamente relacionadas. [iep.utm.edu], [repositori...uca.edu.ar]
Dos posibilidades filosóficas extraordinariamente distintas:
Epicuro quiere liberarnos del
miedo a la muerte. Heidegger nos obliga a reconocer nuestra condición mortal
para comprender la existencia.
Entre ambos extremos hemos
construido civilizaciones enteras.
Religiones. Tumbas. Cementerios. Altares.
Fotografías. Poemas. Ceremonias. Historias. Musica.
Porque el ser humano posiblemente
sea, entre muchas otras cosas, un homo sapiens que sabe que va a morir y que
construye símbolos para poder vivir con ese conocimiento.
6. México y la intimidad con
la muerte,
Es inevitable que en esta
conversación, que hemos entablado estimado lector de Tabula raza, aparezca
Octavio Paz. En El laberinto de la soledad, particularmente en su
reflexión sobre Todos Santos y el Día de Muertos, Paz convirtió la relación
mexicana con la muerte en problema cultural y filosófico. Pero quizá convenga actualizar aquella
intuición. Porque el mexicano contemporáneo ya no habita solamente el universo
simbólico que observaba Paz a mediados del siglo XX. Hoy vivimos
simultáneamente entre rituales heredados y cultura digital. Ponemos una
fotografía en el altar, pero también conservamos miles en la nube.
Encendemos una vela frente al
retrato de alguien que ha muerto mientras su perfil puede continuar existiendo
en una red social. Escuchamos su voz en una grabación. Volvemos a verlo en un
vídeo. Leemos conversaciones almacenadas durante años. Y pronto las tecnologías
de inteligencia artificial nos obligarán a formular una pregunta aún más
inquietante:
¿Qué significará morir en una
civilización capaz de conservar crecientes fragmentos digitales de una persona?
El altar tradicional preservaba
memoria. El archivo digital preserva rastros. Y no son exactamente la misma
cosa. Aquí pienso que está uno de los territorios más fértiles para Tabula
Raza.
“La vida y la muerte se me
aparecían como límites ideales que yo debía atravesar para derramar un torrente
de luz sobre nuestro oscuro mundo.”
Mary Shelley, Frankenstein
7. La muerte en tiempos de la
llamada inteligencia artificial
Quizá estamos entrando en un
nuevo capítulo de esta antiquísima relación. Nuestros antepasados miraban las
estrellas. Después levantaron monumentos. Escribieron nombres. Pintaron
retratos. Tomaron fotografías. Grabaron voces. Filmamos nuestras vidas. Y
finalmente comenzamos a convertir partes de nuestra existencia en datos. La
pregunta metafísica cambia entonces de forma.
Antes preguntábamos:
¿Qué queda de nosotros cuando
morimos?
Ahora tendremos que añadir:
¿Qué debería permanecer de
nosotros cuando nuestra identidad digital puede sobrevivirnos?
No existe, aún, tecnología capaz
de resolver la muerte. Pero sí estamos construyendo tecnologías capaces de
modificar la experiencia humana de la memoria. Pero Yuval Noah Harari ya
vislumbra otro futuro.
Y esa distinción será
fundamental. Porque una simulación no es una resurrección. Un archivo no es una
conciencia. Un algoritmo capaz de reproducir patrones de lenguaje no convierte
la muerte en vida. Pero probablemente transformará nuestra manera de recordar.
Y hoy ya revivimos a nuestros muertos digitalmente y los hacemos interactuar
con nosotros.
8. Del equinoccio al solsticio
Regresemos finalmente al cielo. La
Tierra sigue recorriendo su órbita. Nosotros discutimos sobre dioses, almas,
inframundos, inteligencia artificial, memoria y trascendencia mientras el
planeta continúa girando. El otoño llegará otra vez. Después vendrá el
invierno. Y después la primavera.
Eso puede producir una extraña
sensación de humildad. Porque nuestra existencia individual es lineal, pero
habitamos un mundo que percibimos mediante ciclos. Quizá por eso estas
celebraciones sobreviven. Necesitamos reconciliar ambas experiencias.
Sabemos que nuestra vida
termina, pero contemplamos un mundo que vuelve a comenzar. El equinoccio
nos habla de equilibrio. El otoño, de transformación. El invierno, de aparente
silencio. Y la primavera volverá a mostrarnos que desaparecer y transformar no
siempre significan lo mismo.
Epílogo: encender una vela
Quizá todo pueda reducirse
finalmente a un gesto milenario. Encender una vela. Frente a una tumba. Frente
a una fotografía. Frente a un altar. La llama dura poco. Tiembla. Puede
apagarse. Y precisamente por eso importa. Porque nosotros también estamos aquí
durante un instante extraordinariamente breve dentro de una historia cósmica
inconmensurable.
La astronomía puede explicar por
qué llega el otoño. La antropología puede explicarnos cómo celebramos a
nuestros muertos. La historia puede reconstruir la transformación de nuestros
rituales. La filosofía puede preguntarnos qué significa morir. Pero ninguna de
ellas puede responder completamente por nosotros la pregunta decisiva:
Sabiendo que nuestro tiempo es
limitado, ¿qué vamos a hacer con el tiempo que todavía tenemos?
Quizá ésta sea finalmente la
enseñanza escondida detrás de Samhain, Halloween y el Día de Muertos. No son
únicamente fiestas de la muerte. Son, paradójicamente, rituales para
recordarnos que todavía estamos vivos. Y tal vez sea eso lo que en mis
pasos por diversas tierras y pueblos he contemplado cada otoño cuando la luz
comienza lentamente a retirarse.
Referencias base en formato
APA
Encyclopaedia Britannica. (2026). Halloween. [britannica.com]
Encyclopaedia Britannica. (s. f.). Samhain.
[britannica.com]
NASA Earth Observatory. (2026). An epic view
of the seasons. National Aeronautics and Space Administration. [science.nasa.gov]
NASA. (2023). Seeing equinoxes and solstices
from space. [science.nasa.gov]
UNESCO. (2023). El Día de
Muertos: el regreso de lo querido. [unesco.org]
UNESCO. (s. f.). Las fiestas
indígenas dedicadas a los muertos. Patrimonio Cultural Inmaterial. [ich.unesco.org]
ANEXO NEXT
En el Canal del Congreso y Radio
Congreso creamos un spot de audio y lo ilustramos con video. Recreamos
escenarios de la ciudad de México. De nuestra memoria y patrimonio inmaterial de
la humanidad. La tecnología digital y la llamada IA fueron fundamentales para
recrear este escenario. Enjoy.


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