jueves, noviembre 05, 2026

Del equinoccio al solsticio: La memoria análoga se transforma en presencia digital

 

“Los límites que separan la Vida de la Muerte son, en el mejor de los casos, sombríos y vagos. ¿Quién puede decir dónde termina una y dónde comienza la otra?”

Edgar Allan Poe, The Premature Burial

De la astronomía a la metafísica: el antiguo diálogo entre la vida y la muerte versión 3.0

Los días son más cortos. La noche asoma temprano y el aire frio avizora la llegada de frentes fríos al valle de México. En este contexto escribo a principios de noviembre de 2026.

En el hemisferio norte la luz se aleja, se retira. No ocurre porque el universo quiera decirnos algo. No existe, hasta donde sabemos, ningún mensaje oculto en el cielo anunciando la llegada de la muerte. Existe simplemente un planeta inclinado aproximadamente 23,5 grados sobre su eje que continúa, indiferente, su viaje alrededor del Sol. Esa inclinación determina la sucesión de las estaciones y explica que, después del equinoccio de septiembre, los días se acorten en el hemisferio norte hasta alcanzar el solsticio de diciembre. NASA muestra precisamente que en los equinoccios ambos hemisferios reciben cantidades de luz casi iguales, mientras los solsticios constituyen los extremos de ese ciclo estacional. [science.nasa.gov], [science.nasa.gov]

La astronomía explica el fenómeno.

Pero nosotros, la raza humana, hicimos algo extraordinario con él. Lo convertimos en significado. Y quizá ahí comenzó todo.


1. El cielo: nuestro primer calendario

Mucho antes del reloj mecánico, del calendario impreso o de las aplicaciones que hoy administran cada minuto de nuestra existencia, hubo un calendario imposible de apagar: el cielo.

Nuestros antepasados observaron la salida y puesta del Sol, las fases de la Luna y la repetición de las estaciones. De ello dependían actividades esenciales, entre ellas la agricultura.

El otoño poseía entonces una evidencia que hoy, habitantes de ciudades permanentemente iluminadas, podemos olvidar fácilmente.

La luz disminuía. Llegaba el frío. Terminaba la cosecha. La naturaleza entraba en otro estado.

La explicación contemporánea es precisa. Debido a la inclinación terrestre, durante el equinoccio el terminador, la frontera entre el lado iluminado y el oscuro de nuestro planeta, atraviesa aproximadamente ambos polos. Día y noche alcanzan entonces una duración cercana a la igualdad. Después, conforme la Tierra continúa su órbita, las noches se alargan en el hemisferio norte hasta el solsticio de invierno. [science.nasa.gov], [science.nasa.gov]

Nada metafísico sucede allí. Y, sin embargo, para nosotros era casi inevitable la metáfora. Porque mientras la naturaleza comenzaba uno de sus ciclos de aparente muerte, el ser humano descubrió delante de sí una imagen de su propia existencia.

Nacer. Crecer. Madurar. Envejecer. Morir. Y volver a comenzar, aunque no necesariamente siendo los mismos. […]

En ese sentido, resulta difícil no recordar a Heráclito y su concepción de una realidad gobernada por el devenir. Todo cambia. Todo transcurre. Nada permanece exactamente igual.

Quizá antes de que inventáramos la filosofía, ya habíamos contemplado su problema fundamental en el cielo.


2. Samhain: cuando comienza la oscuridad

En mi historia personal, me traslado a Irlanda. Desde costumbres paganas encuentro en el mundo céltico uno de los ejemplos más sugerentes de esta relación entre ciclo natural y representación cultural.

Samhain señalaba el final del verano y el comienzo del invierno. Las fuentes históricas aconsejan, sin embargo, prudencia: Encyclopaedia Britannica recuerda que sabemos relativamente poco con absoluta certeza acerca de sus celebraciones antiguas, porque las fuentes son escasas y buena parte de las descripciones detalladas son considerablemente posteriores. [britannica.com]

Eso es importante porque la historia popular ha terminado envolviendo Samhain en numerosas afirmaciones difíciles de demostrar. Lo que sí conocemos es suficientemente poderoso.

Era un momento de transición estacional asociado con la entrada en el invierno, y existía la creencia de que durante Samhain los espíritus podían aproximarse al mundo de los vivos. [britannica.com], [britannica.com]

La frontera estacional adquiría así otra dimensión:

la frontera entre mundos.

Mucho después, la cristianización modificó profundamente estas prácticas. La víspera del Día de Todos los Santos, All Hallows' Eve, acabaría proporcionando el nombre de Halloween. [britannica.com]

Y todavía habría otra transformación.

Halloween cruzaría el Atlántico y se convertiría, especialmente en Norteamérica, en una celebración ampliamente secular caracterizada hoy por disfraces, calabazas, fiestas y el trick or treat. [britannica.com]

El ritual había cambiado. Pero la muerte seguía allí. Aunque convertida muchas veces en juego.


3. México: cuando los muertos vuelven a casa

Y resulta que aquí en la tierra que nací lejos de mis bisabuelos, a miles de kilómetros del antiguo universo céltico, otras civilizaciones formularon sus propias respuestas ante la muerte.

Y es aquí donde debemos evitar una comparación demasiado fácil. El Día de Muertos no es el equivalente mexicano de Samhain ni una variante prehispánica de Halloween. Posee su propia genealogía cultural.

UNESCO explica que las fiestas indígenas dedicadas a los muertos en México manifiestan una fusión entre ritos religiosos prehispánicos y festividades católicas introducidas por los europeos en el siglo XVI. [ich.unesco.org]

Pero aparece nuevamente una coincidencia extraordinariamente significativa. El periodo comprendido entre finales de octubre y comienzos de noviembre coincide también con la culminación del ciclo anual tradicional del cultivo del maíz. [ich.unesco.org], [ich.unesco.org]

Otra vez el ciclo. Otra vez la cosecha. Otra vez la naturaleza recordando que todo aquello que germina termina por transformarse. Pero la respuesta mexicana posee una cualidad particularmente hermosa. Aquí los muertos regresan.

Según explica UNESCO, la festividad conmemora el retorno transitorio al mundo de los vivos de familiares y seres queridos fallecidos. En estas tierras aztecas las familias preparamos alimentos, pétalos de cempasuchitl, velas y ofrendas para recibir a nuestros difuntos. [unesco.org], [ich.unesco.org]

La muerte deja entonces de ser únicamente separación. Se convierte también en visita. Por unas horas, la casa o el camposanto amplía sus fronteras. En la mesa caben quienes están y quienes estuvieron. Y la memoria adquiere una corporeidad extraordinaria: tiene aroma de cempasúchil, sabor de alimentos conocidos, luz de velas y el rostro detenido de una fotografía familiar. No se trata de negar la muerte. Se trata, quizá, de domesticar su ausencia. Recordar es nunca morir, no desaparecer, es permanencia.


4. Halloween y Día de Muertos: la imbricación mexicana

Y entonces llegamos al México contemporáneo. Caminando por mi ciudad donde durante los últimos días de octubre conviven una calabaza norteamericana, una catrina, disfraces, papel picado, esqueletos, películas de terror, altares familiares y flores de cempasúchil. Desde una mirada purista podría interpretarse como contradicción. Desde otra perspectiva puede comprenderse como imbricación cultural.

Halloween posee raíces europeas, componentes cristianos y una fuerte transformación secular moderna. [britannica.com], [britannica.com]

El Día de Muertos mexicano constituye a su vez una tradición sincrética en la que convergen universos indígenas y cristianos. [unesco.org], [ich.unesco.org]

Y ahora ambos imaginarios vuelven a encontrarse. Lo interesante no es decidir cuál debería derrotar al otro. Lo interesante es observar lo que sucede cuando las culturas se rozan.

México lleva siglos haciendo precisamente eso: superponer símbolos, resignificarlos y construir con ellos nuevas identidades.

Así, durante unos días, la muerte aparece simultáneamente como memoria, espiritualidad, tradición, espectáculo, mercancía, juego y afirmación de identidad. Una paradoja profundamente contemporánea. Hiper posmodernidad describe Lipovesky.

Nunca habíamos tenido tantas imágenes de la muerte y, quizá, nunca habíamos vivido tan empeñados en no pensar seriamente en ella.


5. De la fiesta a la metafísica

Aquí conviene abandonar por un momento las calabazas, las catrinas y las ofrendas. Porque detrás de ellas aparece una pregunta mucho más antigua.

¿Qué hace el ser humano cuando descubre que va a morir?

La filosofía ha intentado responderla durante más de dos milenios. Epicuro propuso una salida radicalmente racional: la muerte no debería atormentarnos porque mientras nosotros existimos ella no está presente y, cuando ella llega, nosotros ya no estamos. Siglos después, la filosofía contemporánea plantearía casi la operación inversa.

Para Martin Heidegger, la muerte no es solamente un acontecimiento situado al final de la biografía. La comprensión de nuestra propia finitud afecta la manera en que comprendemos nuestra existencia. En Ser y tiempo, existencia, temporalidad y mortalidad aparecen profundamente relacionadas. [iep.utm.edu], [repositori...uca.edu.ar] Dos posibilidades filosóficas extraordinariamente distintas:

Epicuro quiere liberarnos del miedo a la muerte. Heidegger nos obliga a reconocer nuestra condición mortal para comprender la existencia.

Entre ambos extremos hemos construido civilizaciones enteras.

Religiones. Tumbas. Cementerios. Altares. Fotografías. Poemas. Ceremonias. Historias. Musica.

Porque el ser humano posiblemente sea, entre muchas otras cosas, un homo sapiens que sabe que va a morir y que construye símbolos para poder vivir con ese conocimiento.


6. México y la intimidad con la muerte,

Es inevitable que en esta conversación, que hemos entablado estimado lector de Tabula raza, aparezca Octavio Paz. En El laberinto de la soledad, particularmente en su reflexión sobre Todos Santos y el Día de Muertos, Paz convirtió la relación mexicana con la muerte en problema cultural y filosófico.  Pero quizá convenga actualizar aquella intuición. Porque el mexicano contemporáneo ya no habita solamente el universo simbólico que observaba Paz a mediados del siglo XX. Hoy vivimos simultáneamente entre rituales heredados y cultura digital. Ponemos una fotografía en el altar, pero también conservamos miles en la nube.

Encendemos una vela frente al retrato de alguien que ha muerto mientras su perfil puede continuar existiendo en una red social. Escuchamos su voz en una grabación. Volvemos a verlo en un vídeo. Leemos conversaciones almacenadas durante años. Y pronto las tecnologías de inteligencia artificial nos obligarán a formular una pregunta aún más inquietante:

¿Qué significará morir en una civilización capaz de conservar crecientes fragmentos digitales de una persona?

El altar tradicional preservaba memoria. El archivo digital preserva rastros. Y no son exactamente la misma cosa. Aquí pienso que está uno de los territorios más fértiles para Tabula Raza.


“La vida y la muerte se me aparecían como límites ideales que yo debía atravesar para derramar un torrente de luz sobre nuestro oscuro mundo.”

Mary Shelley, Frankenstein

7. La muerte en tiempos de la llamada inteligencia artificial

Quizá estamos entrando en un nuevo capítulo de esta antiquísima relación. Nuestros antepasados miraban las estrellas. Después levantaron monumentos. Escribieron nombres. Pintaron retratos. Tomaron fotografías. Grabaron voces. Filmamos nuestras vidas. Y finalmente comenzamos a convertir partes de nuestra existencia en datos. La pregunta metafísica cambia entonces de forma.

Antes preguntábamos:

¿Qué queda de nosotros cuando morimos?

Ahora tendremos que añadir:

¿Qué debería permanecer de nosotros cuando nuestra identidad digital puede sobrevivirnos?

No existe, aún, tecnología capaz de resolver la muerte. Pero sí estamos construyendo tecnologías capaces de modificar la experiencia humana de la memoria. Pero Yuval Noah Harari ya vislumbra otro futuro.

Y esa distinción será fundamental. Porque una simulación no es una resurrección. Un archivo no es una conciencia. Un algoritmo capaz de reproducir patrones de lenguaje no convierte la muerte en vida. Pero probablemente transformará nuestra manera de recordar. Y hoy ya revivimos a nuestros muertos digitalmente y los hacemos interactuar con nosotros.


8. Del equinoccio al solsticio

Regresemos finalmente al cielo. La Tierra sigue recorriendo su órbita. Nosotros discutimos sobre dioses, almas, inframundos, inteligencia artificial, memoria y trascendencia mientras el planeta continúa girando. El otoño llegará otra vez. Después vendrá el invierno. Y después la primavera.

Eso puede producir una extraña sensación de humildad. Porque nuestra existencia individual es lineal, pero habitamos un mundo que percibimos mediante ciclos. Quizá por eso estas celebraciones sobreviven. Necesitamos reconciliar ambas experiencias.

Sabemos que nuestra vida termina, pero contemplamos un mundo que vuelve a comenzar. El equinoccio nos habla de equilibrio. El otoño, de transformación. El invierno, de aparente silencio. Y la primavera volverá a mostrarnos que desaparecer y transformar no siempre significan lo mismo.


Epílogo: encender una vela

Quizá todo pueda reducirse finalmente a un gesto milenario. Encender una vela. Frente a una tumba. Frente a una fotografía. Frente a un altar. La llama dura poco. Tiembla. Puede apagarse. Y precisamente por eso importa. Porque nosotros también estamos aquí durante un instante extraordinariamente breve dentro de una historia cósmica inconmensurable.

La astronomía puede explicar por qué llega el otoño. La antropología puede explicarnos cómo celebramos a nuestros muertos. La historia puede reconstruir la transformación de nuestros rituales. La filosofía puede preguntarnos qué significa morir. Pero ninguna de ellas puede responder completamente por nosotros la pregunta decisiva:

Sabiendo que nuestro tiempo es limitado, ¿qué vamos a hacer con el tiempo que todavía tenemos?

Quizá ésta sea finalmente la enseñanza escondida detrás de Samhain, Halloween y el Día de Muertos. No son únicamente fiestas de la muerte. Son, paradójicamente, rituales para recordarnos que todavía estamos vivos. Y tal vez sea eso lo que en mis pasos por diversas tierras y pueblos he contemplado cada otoño cuando la luz comienza lentamente a retirarse.


Referencias base en formato APA

Encyclopaedia Britannica. (2026). Halloween. [britannica.com]

Encyclopaedia Britannica. (s. f.). Samhain. [britannica.com]

NASA Earth Observatory. (2026). An epic view of the seasons. National Aeronautics and Space Administration. [science.nasa.gov]

NASA. (2023). Seeing equinoxes and solstices from space. [science.nasa.gov]

UNESCO. (2023). El Día de Muertos: el regreso de lo querido. [unesco.org]

UNESCO. (s. f.). Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos. Patrimonio Cultural Inmaterial. [ich.unesco.org]

ANEXO NEXT

En el Canal del Congreso y Radio Congreso creamos un spot de audio y lo ilustramos con video. Recreamos escenarios de la ciudad de México. De nuestra memoria y patrimonio inmaterial de la humanidad. La tecnología digital y la llamada IA fueron fundamentales para recrear este escenario. Enjoy.



 

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